martes, 30 de noviembre de 2010

Natacha...


Emotiva, vehemente, espiritual, artística, de buen humor, llena de colores, muy alegre...así era mi tía Natacha.

Muy pocas personas, saben lo importante que es tener en la vida una Tía como la mía, cómo la Tía Natacha, que se quitaba los años, que tenía tres cédulas con fechas de nacimiento diferentes, que se colocaba flores alrededor del lóbulo izquiero de la oreja, que se delineaba mal los labios, pero que hacía el mejor arroz con zanahoria que he probado en mi vida; que cantaba "duerme, duerme, negrito" de Mercedes Sosa y caminaba por toda la casa con sus pies descalzos; sabía mucho de historia y también de geografía y tenía un gusto exquisito a la hora de escoger una pañoleta, para amarrar de forma estilizada alrededor de su cuello; nuestra relación iba mucho más allá de la consanguinidad que nos unía el hecho de ser familia, compartíamos mucho más que una misma cadena de ADN; mi Tía Natacha, ha sido la única Tía que ha llevado muy bien puesto su nombre, su perfil, su responsabilidad y su significado; fue buena amiga, compañera, consejera y guía, pero por encima de todo, fue mí Tía.

Nata, cómo la llamábamos de cariño, fue siempre fiel a sus principios, a sus creencias, a sus sentimientos...hasta el día que decidió partir.

Su delicadeza atraía, amaba el buen criterio, se obsesionaba con el misterio del más allá, buscaba la aprobación de todas sus premisas, a las que muchos no le hicimos caso...siempre siguió adelante con sus ideales, sin importarle mucho el qué dirán.

Se expresaba como una pensadora original y su manera de proceder era directa. Amaba la vida, la naturaleza, los animales; se enfrentaba con los vecinos cuando se daba cuenta que le estaban cortando una ramita a un árbol, le dolía como si fuera parte y extensión de su cuerpo; sufría con las tragedias de su pueblo, se lamentaba al ver la inequidad en la que se mueven los pobladores de esta tierra, tanto así, que a la media noche del 31 de diciembre, siempre se alejaba de la reunión familiar, para hacer una profunda meditación por su planeta tierra, ese al que tanto quería...

De ella aprendí tantas cosas, como el amor por los Ángeles; me enseñó a reconocer al mío: se llama Tara, y siempre me dijo "no la dejes sóla, acuérdate que ella siempre está ahí, al lado tuyo, esperando a que la tengas en cuenta, nunca te va a abandonar". Ahora pienso que la vida ha sido muy generosa conmigo, tengo una legión de ángeles que me cuidan desde las alturas, Mi tía, Mi mami y mi angelito de carne y hueso que se llama Jacobo, para que más...

Hoy, alguien que es mi hermana, mi amiga, mi pepita y mi compañera, me dijo que saliera y mirara al cielo, lo hice y vi en su grandeza, el amor que me tuvo mi Tía, Natacha, que partió de esta morada, para ser recordada como una mujer que vino para dejar huella, para enseñar a amarnos, para aprender a perdonar y para mostrarnos que una vida sin amor y sin espiritualidad es una vida vacía.

Hoy le doy las gracias a mi Tía Natacha, por haber hecho parte de mis días; por enseñarme tantas cosas y por haber dejado también, algunas de esas enseñanzas empezadas... muchas veces he mirado al cielo como hoy, para pedir sabiduría y explicación, pero hoy entiendo que lo que finalmente quería, es que buscara en mi interior y aprendiera a encontrar las respuestas.

Te amo Tía Natacha, sólo espero no haberte defraudado como sobrina...Descansa en paz.

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martes, 5 de octubre de 2010

Para mi hijo Jacobo Jácome


Yo te esperaba desde antes de nacer. Dos años antes de tu llegada, soñaba con tenerte a mi lado y que te convirtieras en mi amigo y compañero de vida. Mi existencia no sería la misma sino estuvieras conmigo; ahora tengo muchas razones para seguir luchando por los dos, porque en esta vida, estamos tu y yo juntitos y así seguiremos, cogidos de la mano y descubriendo el mundo que te espera.

Todos los días le doy gracias a Dios por haberme dado un hijo tan bello, me encanta tu forma de ser, lo cariñoso que eres conmigo y con los demás. No te imaginas la felicidad que me da a eso de las 5 y 30 de la tarde, cuando se acaba mi jornada laboral, corro a nuestra casita, para verte correr diciendo: ¡¡mami, mami!!, y te cuelgues de mi cuello, nos acostemos en la cama abrazados haciendo "apapicho" o "recochita" como nos gusta.

Jaco, te amo con toda mi vida, nunca olvides que cuando no estamos juntos, "siempre te llevo en mi corazón". Me siento muy orgullosa de ti, cuándo te propones algo siempre lo consigues, aunque te cueste mucho y te saque muchas lágrimas conseguirlo, siempre lo logras y eso me pone muy contenta.

Me gusta que me rasques la nariz, que me digas "vení pa’ acá", que me regales flores en el camino, que me hagas masajes, que me peines por horas, que me ayudes a tender las camas, y cantemos juntos "Cuidado, cuidado, que mi corazón está colgando en tus manos", pero, por encima de todo, lo me más me gusta, es que seas mi hijo, eres la personita más linda que me dio Diosito, vivo más que feliz por tu compañía en mi vida.

Sólo quiero que aprendas de tu errores, que cada día te esfuerces más por conseguir tus metas, que aprendas a escucharme, al igual que a las personas que están a tu alredor y que entiendas mi chiqui, que cuando te llamo la atención, es para convertirte en una mejor persona.

Perdona mis disgustos y malos ratos contigo, mis momentos de mal genio y hasta mis subidas de tono al hablarte. Siempre que pasan ese tipo de desencuentros entre tú y yo, se me arruga el corazón y me siento muy mal, siento el corazón partio. Te ofrezco disculpas por hacerte sentir mal en eso momentos.

Vamos a hacer una promesa, como un pacto: "Yo te prometo ser mejor mamá todos los días y tu me prometes ser mejor hijo". ¿Vale?

Chiqui de mi corazón, gracias por ser parte de mi vida, y por haber crecido en mi pancita, eres el regalo más maravilloso, vivo feliz de ser tu mamá, y como le digo a todos los que son padres: "Tener un hijo, es vivir en el club de la eterna felicidad".

martes, 29 de junio de 2010

Recuerdos con olor a mamá


Estamos sentadas en la terraza del cuarto piso, del bloque 18, apartamento 402; nomenclatura que quedó grabada, a pesar de haber caminado otras tantas direcciones, pero que al final, no han tenido significado alguno.


Las piernas subidas sobre el muro de asfalto, la pijama sobre las rodillas, muy despeinadas, y bueno, eran las primeras horas de un sábado cualquiera y nos acabábamos de levantar.


El Samán enmarcaba nuestro cuadro vital, el sol apenas salía, pero chocaba de manera celestial sobre su rostro. Este es mi cuadro favorito de todos los días, salpicado de risas cálidas y olor a mamá. Su vida ha sido parte de todas mis etapas y espacios, y cómo no serlo, si ha sido el color rosa preferido en toda mi vida.